viernes, 30 de mayo de 2014

Piel con piel


Habían pasado muchos años desde su último encuentro, la juventud hacía tiempo que había dado paso a la quietud de la madurez.

Con añoranza aprendieron a vivir el  uno sin el otro, en sus mundos, con una familia que no habían llegado a construir nada más que en sueños imposibles y culpables, preñados de cobardía.

 A pesar del tiempo, el aroma del recuerdo seguía en su memoria.
Ese tiempo que los separaba se paró, se miraron y recordaron todo el amor, todo el deseo, todos los sueños y el mundo fueron de nuevo solo ellos.

En la soledad nerviosa se enfrentaron al paso del tiempo a través de la desnudez, él recordaba cada uno de los huecos de la piel suave en la que le hacía cosquillas hasta hacerla llorar de risa, el lunar  bajo su obligo que tantas veces besó en un camino hacia el placer más exquisito que compartieron entre las cuatro paredes de aquella antigua buhardilla que convirtieron en su  hogar con fecha de caducidad
.
Ella recordaba la espalda desnuda, aquella cicatriz en defensa de la libertad, la mirada limpia en cada beso, el susurro de sus palabras cerca del cuello.

Se recordaban en cada caricia, en el camino que los dedos trazaban subiendo y bajando, en las paradas excitantes, en las bocas inquietas, en las lenguas juguetonas, se recordaban y de nuevo se amaban.

No querían recordar, querían vivir amor y deseo, resarcirse de los años con los cuerpos mezclados preparados para la lujuria, acoplándose como piezas que jamás se habían separado, se reconocían en cada movimiento acompasado, en el sabor de la humedad  que iba dando paso al deseo por sentirse dentro, en el vaivén del placer, en los gemidos al unísono  hasta acabar  en un convulso final de gozo y placer, sudorosos, extenuados, abrazados.

Vivieron cada minuto como si fuera el último de sus vidas, sin medida, sin pudor, sin preguntas, sin respuestas.
Se despidieron  con la sombra del reproche, de nuevo la cobardía vencía en su vidas y sin embargo convencidos de que su último tren no había pasado

2 comentarios:

  1. La vida, a veces, es generosa aunque se cobra su precio. Les dio una ilusión perpetua, un deseo siempre fresco y también muchos vacíos llenos de sueños.
    Bonito, dulce, envidiable.

    Besos bruja

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  2. Todo eso y mucho mas queda marcado en la piel. Dulce? toneladas de azúcar se necesitarían para igualar sus besos y caricias.

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